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AIKIDO TECNICA Y ENTRENAMIENTO El sistema es el estudio y
perfeccionamiento del kihon waza (técnica de base), que es el fundamento del
principio del Aikido. Es el elemento esencial de
su filosofía que ilustra el mismo principio desde ángulos diferentes. Mucha
gente cree estudiar Aikido, pero en realidad
practican ikkyo,
shihonage
o iriminage y están convencidos de
saber ejecutar correctamente estas tres técnicas. Se equivocan. En lugar de
estudiar las técnicas por separado, hay que comprender sus puntos en común,
sus aplicaciones y su aporte filosófico. Un ikkyo
perfecto no existe, pero un ikkyo
ejecutado con espontaneidad y sinceridad, en armonía con una situación
determinada, puede ser considerado justo. En general, los alumnos tratan de
copiar la forma exacta de un movimiento ejecutado por el maestro. Pero, para
éste no hay dos ikkyos iguales. Una
forma exacta no puede reproducirse decenas de veces. Cada situación requiere
la consideración de la intensidad, la dirección, el ataque, la forma del
cuerpo, la musculatura y la posición del compañero, sin por ello olvidar la sincronicidad. En consecuencia, la aplicación debe
cambiar. La técnica es la creación de una forma que fluye espontáneamente.
Los instantes y las formas no se vuelven a repetir, pero los principios
básicos son inmutables. Un periodista deportivo
que trabajaba para un destacado periódico de Tokio llegó al dojo para entrevistar a O Sensei. El maestro le habló del principio del Aiki, su filosofía, sus objetivos. Impresionado por el
relato, el periodista le pidió una demostración con el fin de acompañar el
artículo con una foto ilustrativa de los principios filosóficos del
movimiento. O Sensei llamó a un alumno y demostró
un irimi muy poderoso por el cual
arrojó al estudiante a más de cinco metros de distancia. Absolutamente
fascinado, el fotógrafo dijo: "Por favor, Sensei,
repítalo una vez más. Esta foto será excelente". O Sensei
empezó a demostrar diversos movimientos y proyecciones. Luego se detuvo y
mirando al fotógrafo dijo: "¿Ya ha sacado la foto?". Manifiestamente frustrado,
el fotógrafo insistió, "Es maravilloso, pero ¿podría demostrar de nuevo la
primera técnica? Sólo una vez más". "¿Qué? No entiendo. Usted
es un profesional y debe capturar el momento. El Aiki
no tiene una forma. A cada situación diferente corresponde un movimiento
determinado. No se puede, por encargo, repetir el mismo movimiento. Usted
debe captar la esencia, tomar la imagen espontáneamente. No hay una 'próxima
vez'. Esto es el Aiki." Al
dojo
solían venir grupos para asistir a demostraciones y conferencias de O Sensei. Aunque casi siempre se hacía una demostración de irimi, los enfoques variaban; acomodándose a
los intereses de cada grupo. Para los bailarines, el acento recaía en la
gracia, la belleza y la fuerza del movimiento. Ante un grupo de budokas, se remarcaba el poder incisivo y la aplicación
marcial. A los artistas, el poder de la creatividad y la conciencia
artística que se forja a lo largo del curso. La esencia del Aikido es la espontaneidad y el cambio. El
Aikido
es tan vasto como el mismo Universo. Cada técnica de base tiene muchas
aplicaciones y métodos de entrenamiento con vistas a producir resultados
diferentes. Por ejemplo, si se insiste en el control del espacio, ikkyo no tendrá su forma de base puramente
técnica y será ejecutada desde un punto de vista diferente. La enseñanza de O Sensei evolucionaba y cambiaba sutilmente día a día, de
año en año. La experiencia, el entrenamiento diario, expandían el campo del
saber. Sin embargo, al comparar dos ikkyos
enseñados con diez años de intervalo, la diferencia era enorme, aun cuando
la técnica pudiera parecer idéntica. Se perfeccionaban su espíritu y su
filosofía. En la práctica cotidiana, ponía toda su energía, su experiencia,
su visión, sus oraciones. Quienes sólo se interesaban por la forma no
llegaban a percibir la evolución interior. Para interpretar la enseñanza de
un maestro se debe poseer una percepción particular, ver más allá de la
forma, llegar hasta el corazón. Los kihon
waza presentan ciertas dificultades, para
comprenderlos es necesario descubrir y verificar personalmente la verdad de
sus principios. El estudio de las propiedades y las reacciones de la
energía, así como de la evolución de la fuerza física en el propio cuerpo,
permite comprender más profundamente los principios. Cada movimiento de los kihon waza es el
elemento de base que sirve para catalizar la evolución espiritual. En tanto no sepáis atacar
correctamente, vuestra reacción ante un ataque no será apropiada. Sólo la
adaptación a la técnica permite estudiar las reacciones y la dinámica de la
energía. Al atacar, dais a vuestro compañero la oportunidad de reaccionar y
perfeccionar su técnica. A su vez, podéis obtener enseñanzas preciosas y
detectar sus puntos fuertes y débiles. A medida que progresáis, iréis
comprendiendo las razones por las cuales un movimiento no resulta efectivo y
cómo, a través de un cambio sutil, puede convertirse en una herramienta
eficaz. Todos los errores, los propios y los ajenos, ayudan a progresar. En el marco de una clase,
el profesor enseña técnicas y los alumnos trabajan el mismo movimiento con
el fin de asimilar el mecanismo de defensa adecuado. Al saber lo que debe
hacer, el uke (quien ataca y recibe
la fuerza de la técnica) no tiene dificultades en anticiparse y detener el
movimiento. No obstante, dicha forma de trabajo es ímproba y debería
desecharse. Cada técnica ha sido concebida para el estudio de una dirección
particular. La técnica depende de la asimilación de la fuerza del atacante.
Si el uke resiste, no hay
posibilidad de cambio y no puede explotarse la aplicación de la técnica. El
ataque debe ser franco y sincero, debe emanar del centro de dos compañeros
con un espíritu totalmente fresco y lúcido. El ataque debe ejecutarse con
suma concentración, como si se tratase del primero y el último. Sólo cuenta
el momento presente. En
jiu
waza (técnica libre) se acentúa la
importancia de la espontaneidad. En efecto, cualquier ataque es bueno en
tanto sea sincero. Pero los kihon
waza constituyen la base de todo movimiento
espontáneo y, por tanto, debe observarse estrictamente el proceso de
entrenamiento. En las clases de un nivel
más elevado, la resistencia se convierte en un elemento importante del
entrenamiento. No se trata de desarrollar un espíritu competitivo. La
resistencia debe manifestarse en el momento oportuno, con honradez total, de
lo contrario es peligrosa y perjudicial. El arte de la esquiva del ukemi (técnica de caídas y protección) es el
primer paso en el estudio del Aikido. A menudo he
visto a practicantes bloquear en el momento menos favorable, revelando sus
puntos débiles, exponiéndose así a atemis
en los costados o la cara y resistiendo fuerzas que fácilmente pueden
dislocar un hombro, el codo o romper la muñeca. Esto no tiene ninguna
relación con la autodefensa o el entrenamiento, es una expresión de
estupidez ciega. Corresponde al uke
no dejar abertura y protegerse. Para lograrlo, debe llevar el ataque hasta
el final y aceptar el ukemi, estar
disponible y consciente de lo que sucede a su alrededor, presto a
reaccionar al de-ai siguiente. Hace falta mucha experiencia para sacar
provecho de la resistencia, es necesario aprender a andar antes de echarse a
correr. El trabajo del ukemi se concibe de forma que el impacto de
la caída no recaiga exclusivamente sobre una parte del cuerpo. El contacto
se hace desde el hombro a la cadera opuesta bajo la forma de una voltereta.
En lugar de caer sobre la espalda, en una posición vulnerable, uno puede
levantarse enseguida en posición de hanmi.
En contraste con las caídas brutales del yudo,
el movimiento circular utilizado en Aikido protege
los riñones y la zona del hígado. La caída constituye, de hecho, un masaje y
una flexibilización de los hombros, la espalda y los muslos. A veces,
incluso pueden resolverse problemas de lordosis y escoliosis. Contribuye a
la estimulación sanguínea y, al esparcirse la energía por todo el cuerpo, se
eliminan toxinas. Además, es un ejercicio excelente para desarrollar el
campo visual y el sentido del equilibrio. En general, los mejores ukes son los mejores técnicos. Para convertirse en un buen
uke
es necesario, ante todo, saber evaluar las capacidades del compañero.
Atacar con una fuerza desmesurada a un principiante es una aberración. No
podrá reaccionar a tiempo y, técnicamente, no habrá obtenido ningún
provecho. Atacar con una fuerza superior a la que uno es capaz de soportar
corno uke, es igualmente desaconsejable. Un buen
ataque no es forzosamente veloz o fuerte sino que debe ser sincero y estar
bajo control, adaptado a la situación del compañero. El
Nage
es quien ejecuta la técnica, quien realiza el acto de arrojar. Es quien
asume la mayor responsabilidad en el control. Debe aprender a conocer el
umbral de dolor de su compañero y ajustar el movimiento. En este momento se
aprende el significado del entrenamiento del Budo,
"proteger el karma del enemigo". Se trata de proteger al individuo que
amenaza vuestra vida y que, al mismo tiempo, os brinda la oportunidad de
perfeccionar vuestra técnica. En el fragor de una acción
marcial es esencial trascender el "yo". Cada movimiento ofrece la ocasión de
una autorrevisión. Es la lucha interior lo que el
principiante se retrasa en percibir. No se trata de desafiar al compañero
sino de desafiarse a uno mismo, por ello es necesario percibir las
vibraciones del compañero. El movimiento debe ser la aplicación intuitiva de
la energía universal. Debéis fundiros con el Universo. Cada momento es
katsu, un despertar espiritual, una bofetada moral que
estremece el espíritu. No basta tener los ojos abiertos, el ojo espiritual
debe permanecer despierto para poder reaccionar con espontaneidad. Si en
cada movimiento podéis concentrar toda vuestra vida, toda vuestra energía,
vuestro espíritu recibirá una chispa y descubriréis una parcela de
satori. Un buen compañero sabe pulir vuestro espíritu.
Cuando hayáis aprendido a serviros de los cinco sentidos, el sexto y el
séptimo sentido de la conciencia espiritual se volverán accesibles. La verdadera finalidad del
Aikido es acceder a una vida más rica, más intensa. La
fuerza no sirve de nada en el tatami si en la vida cotidiana no existe
comunicación con los demás. Perfeccionando las reacciones y sufriendo las
presiones del tatami se mejoran el comportamiento y las relaciones con los
demás. Sobre el tatami, la huida es imposible, es necesario enfrentarse al
adversario con confianza y autocontrol. Meditar de rodillas es un ejercicio
muy útil pero la meditación dinámica del Aikido
permite alcanzar la calma y la concentración en medio del peligro. Permite
abrir el espíritu y captar las vibraciones de los otros para neutralizar su
agresividad. Las técnicas que a
continuación describiré no están de ningún modo tratadas de forma
exhaustiva. A quienes ya practican, les servirán como puntos de referencia,
como orientación. A quienes nunca han pisado un tatami, espero que los
estimule a "practicar y buscar un profesor. El Aikido
no se explica solamente a través de consejos y palabras de un profesor
cualificado, la práctica regular es indispensable. El Aikido, en suma, es una filosofía de la acción. HANMI Muchas artes marciales
comparten ciertas guardias o posturas de defensa aunque su expresión suele
guardar un estilo propio. En Aikido, la guardia no
es una verdadera guardia, una actitud de defensa, una espera. Es una
posición que permite una libertad total de movimientos en cualquier
dirección. Todo movimiento empieza, se desarrolla y finaliza en
hanmi.
El
hanmi
responde a la forma del triángulo y corresponde al desplazamiento natural
del andar. Un pie está situado por delante del otro, las rodillas
flexionadas y el peso del cuerpo se desplaza libremente en todo momento. Es
muy habitual la pregunta de cuál pié o mano avanzar para iniciar un ataque.
Esta duda disminuye la velocidad de reacción. Si la pierna equivocada está
delante, se da un paso hacia adelante con la otra y el peso del cuerpo
alcanza una posición de equilibrio. Debe evitarse una posición
kamae
particular con el fin de tener una visión global del compañero. No os
paréis nunca en vuestros desplazamientos, no ofrezcáis resistencia inútil y
no dejéis que el cuerpo pierda el equilibrio. Los pies deben situarse
siempre en el centro, listos para desplazarse tan pronto como sea necesario.
Kokyu es la base del musubi, fundamento de todo principio del Aikido. El uke
coge las dos muñecas, pero a través de ellas debe tratar coger el centro del
compañero. La fuerza de las manos no es suficiente, la energía de todo el
cuerpo debe atravesarlas. Los practicantes permanecen sentados en seiza, casi rodilla contra rodilla, con la
sensación de hundirse en el suelo. Existen tres formas básicas de sujeción:
por los costados de las muñecas (la forma más habitual), por encima y por
debajo. La energía se libera en direcciones diferentes a las que el cuerpo
debe adaptarse. El
nage
no debe desequilibrar al compañero sólo a través de la acción de los
brazos. La fuerza debe surgir del hara,
debe controlarse y reciclarse la energía en un movimiento de espiral.
El espacio ocupado por el cuerpo no debe limitar la amplitud del movimiento.
El cuerpo debe extenderse en el espacio espiritual del Universo. Uno ocupa
así el centro del movimiento de la galaxia y se sienta en el centro de la
estructura atómica. Los practicantes son los símbolos vivos del yin y el yang, y entonces la
circulación de las energías opuestas se unen y crean el
movi- miento de espiral. Los hombros deben estar
relajados y el cuerpo debe presionar creando la sensación de hundimiento.
Los codos están flexibles y bajos, sacando la energía del
hara.
Empezando por las muñecas, las manos describen un movimiento de espiral
que enlaza con el del cuerpo. Las dos manos deben
moverse juntas, describiendo con el cuerpo una espiral. Cuando el compañero
os sujeta, vuestras manos y cuerpo lo succionan hacia vuestro movimiento, le
hacen levantar los codos separándolos así de su centro. Para desequilibrarlo
basta con prolongar vuestro movimiento. El método de entrenamiento
es muy estricto. El objetivo del kokyuho
no es luchar por la victoria. Los principiantes deben abordar este
ejercicio con mucha prudencia. El cuerpo debe permanecer relajado, sin
rigidez en los brazos. Percepción y sensibilidad deben estar coordinadas con
el movimiento del compañero, tanto en la función de
nage
como de uke, y la concepción de la
fuerza cambiará y se volverá multidimensional, sin apelar a la resistencia
sino a la flexibilidad. Entonces se podrá notar la fuerza del musubi. Los movimientos del Aikido están condensados en este ejercicio de kokyu ho. Contiene
todos los secretos técnicos y el resto de los movimientos se derivan de él.
O
Sensei
dijo:
"De la misma forma que la dinámica de la espiral ejerce una influencia sobre
la posición del cuerpo, también crea una revolución en la mente y el
corazón. Así, os uniréis con el movimiento universal". TACHI WAZA KOKYU TANDEN HO
'El
Aikido, como suele decirse, no depende de la fuerza muscular, Sin
embargo, los músculos deben desarrollarse pero no por ello entorpecer la
flexibilidad de los movimientos. La técnica de sujeción a dos manos de una
muñeca del compañero es un ejercicio excelente para el desarrollo de los
músculos, tanto para el nage como
para el uke. Al igual que la mayor parte de las
técnicas de base, el método difiere según el efecto deseado. Tanto para
movimientos estáticos o dinámicos, los principios básicos, la actitud y la
exactitud del movimiento son siempre primordiales. Aun en la forma estática,
los músculos no deben contraerse en ningún caso, pues ello haría que el
cuerpo se volviese rígido. En esta técnica, el uke coge firmemente con ambas manos una de
vuestras muñecas. Como en la forma kakyu ho de rodillas, el uke
debe procurar inmovilizaros por completo. Sirviéndose de vuestro brazo
como si fuese un sable, debe hacer pasar toda su energía y concentración a
través de él para alcanzar vuestro centro. Han de evitarse la rigidez y las
reacciones precipitadas. Transportad la concentración a través de la
exhalación para conseguir la expansión del cuerpo y la mente. Como siempre,
la mente tomará la iniciativa. Recibid la energía de vuestro compañero y
comprimidla en vuestro hara.
Mientras el cuerpo gana en tensión, las caderas descienden y pivotan para
dirigir las dos energías en un único flujo. No opongáis resistencia a la
fuerza del ataque. Vuestro centro permanece libre y puede poner en marcha la
reacción. El punto de contacto se mueve en último lugar, guiado por el resto
del cuerpo que puede desplazarse libremente. Deben llevarse los brazos hacia
el centro para unirlos a la energía, los codos bajos, las rodillas
flexionadas, sintiendo el peso del cuerpo y conservando la espalda erguida.
Visto desde fuera, este
movimiento parece una lucha, un combate, pero de hecho requiere una
percepción y una concentración muy sutiles. Cualquiera que sea la fuerza del
compañero, debe conservarse la calma, sin sombras de pensamientos hostiles.
En el momento que uno comienza a luchar, la mente se cierra y el movimiento
se detiene. Concentrándose en la
respiración, en su mecanismo físico, puede llegarse a comprender el soplo de
energía cósmica que engendró el Universo y todas las formas de vida. La
concentración en el soplo trabaja y desarrolla el equilibrio y expande la
fuerza de la propia gravedad. La fuerza de gravedad comprime la energía
hasta que la fricción obtenida produce una explosión. Toda la fuerza, la
física y la espiritual, se concentra en un punto cuando los brazos se cruzan
y comienzan a subir. Se encuentran el agua, que fluye en un plano
horizontal, y el fuego, que se lanza hacia el cielo. Desde el
hara
se libera la tensión, el cuerpo y la mente se proyectan hacia el espacio y
los brazos abiertos, siguiendo el movimiento de las caderas devuelven la
fuerza del adversario que ha perdido el equilibrio. Deben efectuarse
ejercicios respiratorios. No debe descuidarse la importancia de la
respiración. La inspiración reúne energía, la expiración la libera. Este
movimiento es el del Universo. La imagen mental responde al origen del
Universo, la formación de las estrellas y los planetas, la eclosión de una
flor bañada por el calor del sol, la fuerza de la vida. Descubrir la
dimensión espiritual propia es el objetivo del entrenamiento.
Shomenuchi es un ataque frontal que
consiste en cortar la cabeza siguiendo un eje que parte de lo alto del
cráneo y pasa entre los ojos. El antiguo nombre de este ataque es men no tanren,
es decir, el centro de la cabeza. Los principiantes tienen ciertas
dificultades para ejecutar este ataque. En general, atacan con el brazo
alejado del centro de su cuerpo. Al levantar el brazo, debe apuntarse a cada
uno de los puntos vitales del compañero e intentar controlar su espacio en
todo momento. La mano debe dirigirse hacia su centro, preparándose para
golpear por encima de la cintura, el plexo, la garganta y la punta de la
nariz. El ataque finaliza en la zona situada entre los ojos. Por motivo de este
alineamiento, resulta más difícil evaluar la rapidez y la profundidad que en
un ataque lateral. Si os concentráis en la mano atacante, perderéis el
equilibrio al desplazar el cuerpo hacia atrás. Asumiréis una actitud de
huida y da-ai será capturado. Perderéis la ocasión del
desplazamiento a derecha o izquierda. Debe observarse el origen del
movimiento en el centro del compañero y prestarse atención a la dirección de
su fuerza. El cuerpo debe conservarse erguido, con la posibilidad de moverse
en cualquier dirección. Una actitud receptiva y abierta permite conseguir
una percepción precisa del ataque. Antes del contacto con su antebrazo, la
armonización de la determinación y el desplazamiento permiten controlar el
centro del adversario. Cuando el brazo extendido
recibe el ataque, reina un espíritu de kakyu
ho, es decir, no hay propósito de lucha. El
contacto se hace conservando el sentido del ataque. Un movimiento continuo
en espiral permite un cambio sutil de dirección y las dos energías
confluyen. Esto es el musubí.
Si no podéis uniros al ataque, es imposible cualquier clase de movimiento.
Debe aprenderse a emplear toda la fuerza mental y corporal con una
delicadeza y flexibilidad que permita detectar el más mínimo desplazamiento
del oponente. Es fundamental la comunicación con el compañero, tanto en el
plano físico o mental de una manera intuitiva y espontánea. El tiempo no tiene tiempo;
la velocidad no tiene velocidad. En cada movimiento, en cada ataque,
existe un punto fijo que la mirada debe aprender a captar como si fuese el
obturador de una máquina fotográfica. La noción de rapidez es relativa, la
velocidad de un ataque determinado parece más o menos rápido según sea un
principiante o alguien experimentado. Mirada y percepción se modifican poco
a poco. Una práctica continuada permite percibir cualquier ataque como una
secuencia en cámara lenta. En la armonía no hay tiempo ni espacio puesto que
no existe separación. Todos compartimos la misma vibración creadora, aunque
por la ceguera del egoísmo no la percibimos ni la podemos comunicar. La
armonía es comunicación. Ichi go ichi e. Ikkyo es el primer movimiento
fundamental.
O Sensei se complacía en decir," lriminage, shihonage,
diez años. Ikkyo, toda una vida",
Interpretación y técnica cambian con el tiempo y la experiencia. El
movimiento refleja la evolución de la comprensión. Existe una forma básica
pero no una estructura rígida y fija. Al despertar cada mañana, la mente
debería estar abierta, libre de lo sucedido en la víspera. Con este espíritu
debemos abordar cada ikkyo.
En las sesiones de
enseñanza se insiste siempre en un movimiento o en una sensación particular.
Con mucha frecuencia, los principiantes son los más receptivos y atentos a
las explicaciones. Los practicantes avanzados han trabajado la técnica en
cuestión tantas veces que no pueden ver nada nuevo en ella. Su mente está
atiborrada de ideas preconcebidas, de recuerdos de la víspera. Miran sin
ver, han olvidado un principio fundamental: sólo cuenta el momento presente.
Al estudiar el ikkyo se revela la
luz a través de un prisma; contiene todos los colores. Cada una de sus
aplicaciones no es más que una reacción que forma parte de un proceso
infinito. La mirada debe apuntar más allá del reflejo para poder percibir y
experimentar la luz en sí misma. Al estudiar el movimiento
del ikkyo se ha de ser consciente,
no sólo del centro propio y del adversario, sino también del centro creado
con motivo de esta relación. Se trata del de-ai,
el punto de encuentro. Se debe estar preparado para controlar el contacto
físico. Desde el inicio del ataque comienza también el movimiento propio. Si
el oponente ataca francamente y decidido, pues seguirá adelante. Ésta es una
importante lección de comunicación. Si la comunicación se detiene, el
movimiento finaliza. Si uno cambia de posición después de iniciado el
ataque, y el oponente no se adapta al cambio, la omisión supone la muerte.
Uno se hallará fuera de su alcance mientras que él ofrecerá una abertura en
su momento de mayor vulnerabilidad. El
uke
ha de seguir el movimiento, tratar de leer la posición del oponente. Es su
única oportunidad. Se debe aspirar al
compañero en el vacío que uno ha creado antes del contacto físico. Después
se ha de desviar y dispersar su fuerza con el propio centro. Su centro se
controla a través del hilo de unión entre ambos practicantes. Si el
movimiento es demasiado rápido o brusco, el hilo se romperá. Si es demasiado
lento, se distenderá. Si se desvía la energía del compañero después de
manifestar su intención de atacar pero antes del inicio del movimiento
físico, es aún fácil desequilibrarlo pues tiene un eje de ataque desviado y
comenzará a torcerse. Basta con seguir la torsión y su ataque pierde
intensidad. La tensión del hilo de unión, la comunicación, es un elemento
fundamental en la ejecución de la técnica. El oponente debe ser
conducido con precisión, la mirada, el ki,
la mente y los brazos deben seguir su fuerza hasta poder unirse a ella.
Uno mismo determina el momento del encuentro. Se ha de envolver la fuerza y
hacerla romper como si se tratase de una ola del mar. No debe rechazarse
pues uno quedaría envuelto en ella. Es necesario despejarla, trabajarla y
hacerla girar alrededor del compañero. En el momento del
contacto, debe evitarse el impacto contra la fuerza. Debe doblarse el codo
del atacante y después apartarlo describiendo un movimiento de espiral con
la mano que ha detenido el ataque. Debe extenderse el movimiento y, con un
impulso circular, llevar su codo hacia el centro. Así se controla todo el
cuerpo. En ese momento puede iniciarse el trabajo del equilibrio: el momento
de determinar si uno debe pasar a ura
(entrada negativa) u omote
(entrada positiva). Ha de observarse el movimiento coordinado del
cuerpo y la posición relativa de las caderas, los brazos, los pies y la
cabeza del compañero. Los principios del equilibrio aparecerán con claridad
y los puntos de ruptura se revelarán a medida que se aprende a trabajar
sobre el centro del adversario y devolverle su fuerza. El control de la situación
es la esencia del movimiento. Para controlar la situación, uno debe
dominarla con la gravedad espiritual. Para dominar la situación uno debe
comunicarse y comprender a la fuerza oponente. Hay que saber controlar tanto
al compañero como a uno mismo. Esto sólo se adquiere con tiempo y práctica.
El ikkyo es el primero y el último
capítulo del Aikido.
El
lriminage
emplea los mismos principios y la misma actitud de base que el ikkyo, aunque la distancia y la sincronicidad son diferentes. Abarca desde la forma de
base kihon waza
hasta el movimiento sutil de O Sensei llamado
"el agujero negro". Por tanto, cuenta con numerosas variantes. A pesar
de las diversas versiones, el iriminage
supone paciencia, no permite ningún movimiento precipitado. Uno ha de estar
frente al adversario e imitar sus movimientos, a la espera del instante
límite antes de reaccionar a su ataque. En el momento del ataque,
debe crearse una ilusión óptica del ma-ai entrando sobre el eje de ataque. La distancia se
modifica pero la continuación del movimiento conserva la
imprevisibilidad. Uno ha de ofrecerse al ataque, la huida supone el
golpe. Se ha de afrontar el ataque con el brazo extendido y actuando sobre
el centro del compañero. La extensión que alcanza el corazón del ataque
creará duda. Ante la inminencia del contacto, uno debe desplazarse hacia
afuera y dirigirse con el brazo extendido hacia el centro del adversario. No
debe cogerse del brazo del oponente sino desplegarlo con la mano abierta y
el codo relajado y flexible. Sin pensar en la retirada, uno debe
incorporarse a su energía cambiando de dirección. Esto es el
marubasbi. Al pivotar se crea un vacío donde el
adversario cae atrapado y, cogiendo su nuca, se dejan caer las caderas
haciéndolas girar. Ésta es la fase de contracción del movimiento. El
iriminage
es la conjugación de fuerzas centrípetas y centrífugas que se
produce cuando actúan conjuntamente. La mano del compañero queda controlada
por una presión que, en el momento de pivotar, la extiende en un movimiento
de expansión que parte del centro. Un movimiento de contracción lleva la
cabeza hacia el interior. Se produce una disociación de fuerza y cuerpo
mientras uno está en su centro controlando el movimiento como si se tratase
del núcleo de un átomo alrededor del cual el oponente gira. El centro debe
estabilizarse y fundirse con la fuerza de la gravedad. Partiendo del centro,
la mano describe una espiral hacia lo alto, el cuerpo asciende. Esto es la
fase de expansión, En el momento que la energía fluye por los brazos debe
efectuarse la expiración, encerrando la fuerza del compañero y reenviándolo
hacia su centro con el propósito de hacerle perder el equilibrio. El movimiento del iríminage es el del
kokyu,
de la expansión y la con- tracción. Es el movimiento tridimensional de las
fuerzas combinadas del fuego y el agua. Se manifiesta en la circulación del
Universo, la sangre y la energía vital. El movimiento debe representar la
armonía de las fuerzas y ha de leerse en el mapa del Universo. La actitud
espiritual, las sensaciones y el movimiento no están nunca separados sino
unidos. Ha de olvidarse la noción de conflicto con el compañero. La
concentración debe recaer en la fuerza física y espiritual. Ha de
trascenderse la mentalidad conflictiva y creer en uno mismo.
Este movimiento constituye la introducción al Aikido. Se trata de un desplazamiento muy simple, pero no
por ello menos importante. Tenkan
representa la armonía perfecta pues al pivotar uno se encuentra en la
misma dirección que el compañero. Es, a su vez, el otro lado del irimi, pues incluso al girar se penetra en
el centro del oponente. Imaginad que es invierno.
Al mirar por la ventana, la imagen de la nieve y el hielo os hace tiritar.
Salid y andad un poco, el aliento se hiela, los dedos se hinchan. Tenéis
mucho frío. He aquí el irimi.
Después de un rato, volvéis a entrar y la percepción se transforma. La
temperatura de la habitación parece mucho más elevada. Esto es el
tenkan.
Cuando la espada esté suspendida por encima de vuestra cabeza os
encontraréis en las fronteras del paraíso y el infierno. lrimi significa entrar en el
infierno, pero al continuar el movimiento y girar (tenkan) estáis en el paraíso. lrimi y tenkan
se hacen uno. En la forma básica de katate dori tenkan ho, el uke sujeta con una mano la muñeca de su
compañero mientras se prepara para golpear con la otra. El ataque debe ser
controlado y franco, con la espalda derecha y las rodillas flexionadas. El uke no debe precipitarse y anticipar el
giro, pero tampoco debe evitarlo, ponerse tenso, inmóvil o perder el
equilibrio. Ambas actitudes son incorrectas. El uke
debe desplazarse ligeramente de costado para evitar la mano libre del
compañero. La sujeción debe ser firme. Un ataque excesivamente frontal puede
significar un golpe en la cara. Debe corregirse la postura desplazándose de
costado, fuera de la línea de ataque. Cuando el nage
ejecuta el tenkan, el uke debe permanecer flexible y reaccionar al
movimiento. Su única oportunidad de protección es seguir el zanshin. Una postura rígida y estática no
ofrece ninguna seguridad. En una de sus formas, el tenkan se ejecuta en el momento del contacto
físico. En otra, puede ejecutarse una fracción de segundo antes del
contacto. En este caso es necesaria una vigilancia absoluta para percibir el
momento exacto del ataque. En especial, no debe levantarse bruscamente la
mano sino que debe enseñarse como si fuese un cebo que se mantiene fuera del
alcance del compañero. Un movimiento anticipado puede provocar que el uke no pueda seguirlo y, por tanto, se corre
el riesgo de recibir un atemi en los
costados. La noción de sincronización es fundamental, no hay margen para el
error. El tenkan también puede dar
lugar a un entrenamiento más muscular. Así, no es indispensable que el uke se prepare para atacar con la otra mano
puesto que el movimiento es más lento. Sin embargo, la posibilidad de un
ataque debe tenerse siempre en cuenta. De darse esta situación, debe
repelerse con e) propio centro la mano del compañero para obligarlo a
retirarse. No se recomienda el forcejeo, sólo sirve para quedar atrapado en
el ataque. Con la sensación de penetrar en su centro, debe aplicarse sólo la
presión suficiente como para obligarlo a ejercer mayor fuerza que le ayuda a
uno a pivotar. Este movimiento puede
modificarse hasta el infinito, con la posibilidad de introducir mil
refinamientos. Tanto en la estática como en la dinámica, es necesario poder
anticipar la acción siguiente. Sujetar por sí solo no supone un ataque
completo. Solamente un brazo se encuentra cogido. Conviene olvidarlo y no
intentar luchar con el compañero. El movimiento del giro
debe comenzar en las caderas, con el cuerpo atornillado al suelo y las
rodillas flexionadas. El tenkan es
el estudio del equilibrio y la reacción en movimiento. Asimilar los
principios de dirección y control de la fuerza toma cierto tiempo. El tenkan puede trabajarse haciendo girar al
compañero varias veces alrededor de uno. Este movimiento, como todos los del Aikido, no se ejecuta nunca en una o dos dimensiones
porque obedece a un movimiento circular ascendente, y luego descendente, que
imita los ritmos multidimensionales del agua y el fuego. Al girar, la presión del
brazo no debe provocar un retroceso. El peso del cuerpo debe llevarse hacia
adelante. El brazo no debe dejarse atrás sino que ha de permanecer relajado
y por delante del centro. Volverse a mirar al compañero provocaría la
dispersión de la energía. La vista debe mantenerse en la dirección a la que
uno se dirige mientras se barre el entorno para registrar su composición. El
giro no debe efectuarse ni muy rápido -el compañero tendría dificultades
para seguir el movimiento- ni muy lentamente, el compañero recobraría el
equilibrio y estaría en ventaja. Si la sujeción es muy firme surgen problemas para
moverse. Sin embargo, a través de la perseverancia, los instintos de defensa
empezarán a formarse y muy pronto se comprende que la agresividad no es un
factor efectivo. Entrenarse es construir, afinar y pulir aspectos negativos,
con el propósito de que la armonía se convierta en una reacción natural e
instintiva.
Al practicar con
compañeros diferentes (desde todos los puntos de vista) el cuerpo y la mente
van registrando y almacenando experiencias que luego resultan muy útiles
para ofrecer la reacción adecuada a cada situación. La experiencia física
transformará vuestra conciencia.
Las hojas del otoño
describen espirales al caer y, antes de depositarse en el suelo, la borrasca
las revuelve y agita. Ésta es la imagen que ha inspirado el nombre de una
técnica clásica del jujutsu: kono ha gaeshi. Esta
antigua técnica cumplía la función de romper el brazo y arrancarlo de la
articulación del hombro. En Aikido, sin embargo,
es una técnica de torsión de muñeca aunque, cabe aclarar, es el ritmo
impuesto al movimiento, y para nada el dolor, lo que provoca la caída en el kotegaeshi. Esta técnica comienza con
un ataque directo al plexo que puede evitarse con un
irimi
tenkan. Al pasar junto al oponente, no debe
intentarse coger su puño cerrado, es casi imposible. Al igual que en la
parada de shomen uchi,
debe enrollarse la mano en el brazo del compañero, reuniendo ambas
fuerzas, y descender sobre las caderas para provocar desequilibrio. La mano
se acabará situando naturalmente a la altura de la muñeca. Los principios
del
tenkan ho
también se aplican aquí, pero en este caso es uno quien coge. No tiene
sentido bloquear la muñeca del compañero, no hay peligro de escape, y si se
aprisiona su brazo, el movimiento se detiene. Ha de conservarse la calma, la
distensión, manteniendo el cuerpo erguido, el pecho abierto, las rodillas
flexionadas. Debe hacerse girar al compañero alrededor de uno, describiendo
una espiral descendente. Al disminuir la velocidad del movimiento, el
compañero podrá recuperar el equilibrio. En ese momento, de un solo
movimiento, girando las caderas y retorciendo su muñeca, se le devuelve su
fuerza antes de que pueda restablecer completamente el equilibrio. El
momento adecuado para ejecutar el movimiento sólo se percibe si uno está
pendiente y abierto a la reacción del compañero. En este movimiento, el
macrocosmos
de los planetas que gravitan alrededor de las estrellas (el oponente girando
alrededor de uno) y el microcosmos (la torsión de la muñeca) se
reúnen en el mismo movimiento. Al girar, uno debe concentrarse en el
movimiento propio como si fuese una porción del poder universal. No debe
obligarse al compañero a girar, han de obedecerse las leyes universales,
sentirse el flujo de la energía en el cuerpo propio. La mera agresividad, o
los deseos de derribar al oponente, hacen que los hombros se eleven y se
pongan rígidos, la espalda se encorve y la caja torácica se oprima. Debe
adoptarse una actitud noble y altiva, lo opuesto a la posición simiesca de
los hombres primitivos. Si la espalda está derecha y el pecho abierto, la
misma suerte correrá el corazón y el espíritu. Es la Única forma de
comunicarse con el compañero. Escuchando su cuerpo puede escucharse su
espíritu.
En una vieja técnica del jujutsu, muy próxima al
shiho
nage del Aikido, el
primer movimiento es un atemi
dirigido a romper las costillas. El jujutsuka
giraba bajo el brazo del adversario, lo estiraba contra su hombro y la
torsión así obtenida dislocaba el hombro, además de romper el codo y la
muñeca. La caída, por su parte, solía suponer una fractura de cráneo. Muy
difícil de controlar y practicar, dicha técnica fue concebida para matar. Al elaborar el programa de
entrenamiento, O Sensei observó en esta técnica la
posibilidad de emplear una fuerza aún mayor en un movimiento armonioso, por
lo que concibió un método de trabajo seguro pero sin disminuir el ritmo. Sin
forzar las articulaciones, pero haciéndoles soportar el movimiento natural
del cuerpo, se evitaba la muerte o la mutilación y al mismo tiempo permitía
controlar adecuadamente el ataque. Esta técnica ilustra los principios del
equilibrio y las leyes naturales en tanto que incorpora la elegancia y la
precisión de los movimientos del sable. A pesar de que la gente
suele pensar que el Aikido es el resultado
del refinamiento de antiguas técnicas del jujutsu,
en realidad debe su espíritu y ritmo a los movimientos del sable, la
lanza y el bastón. No existe una demarcación precisa entre el taijutsu (técnicas a manos libres) y la
práctica con armas, su filosofía y sus manifestaciones están muy próximas.
El
Aikido es una amalgama de sus principios, una
síntesis de sus verdades. El sable es considerado como una prolongación del
cuerpo y la mente. Pero no se ha de depender del sable. Aunque sin él, debe
actuarse como si se estuviese empuñando y hacer que la mente y el cuerpo
pasen a través de su hoja imaginaria. En la época feudal, un
guerrero debía entrenarse en muchas formas de combate. Desconocer el arte de
la lanza suponía quedar impotente ante un enemigo armado. Del mismo modo,
quien nunca ha manejado una espada, no puede comprender los desplazamientos
sutiles de un maestro de armas. Ignoraría así los puntos fuertes y débiles
del adversario. Si no conoce las técnicas del jujutsu,
ante un ataque sorpresivo sería incapaz de responder. Por ello, los
distintos estilos de combate no eran objeto de estudios separados y la
búsqueda del conocimiento y la experiencia no tenía límites. En síntesis, se
trataba de una cuestión de vida o muerte. En el ámbito de las artes
marciales, se produce actualmente el mismo fenómeno que en el mundo
científico o médico. Quien entrena con un sable sólo puede defenderse con un
sable. El jujutsuka sólo conoce las
técnicas de jujutsu. Ciertamente, a
través de la especialización uno aprende mucho pero al mismo tiempo se corre
el riesgo de restringir el campo de comprensión. No debe aislarse una parte
del todo, el Universo es un mundo relacional y nuestra vida es la suma de
sus relaciones. Si uno se siente estrechamente unido a un arte, la mente se
convierte en su esclavo. Una comprensión completa exige una visión amplia,
que abarque todas las perspectivas. Cada vez que el guerrero se entrenaba
con un arma nueva o en una forma nueva de combate, ampliaba su comprensión y
profundizaba en los principios comunes a todos los estilos. De esta forma,
era libre y no dependía de un arma en particular sino de su percepción, su
conciencia y su confianza espiritual. La conciencia espiritual y
mental es la base del Aikido pero, a veces, el
entrenamiento a manos libres puede estimular el resurgimiento de las
tendencias agresivas. Un practicante dotado de cierta fuerza física cogerá
fácilmente la costumbre de esperar el instante del da-ai,
comenzar a luchar en el momento del contacto, sin utilizar más que su
fuerza muscular. Esta actitud lo limita a una forma de combate primaria que
recuerda a la de dos osos disputándose la supremacía territorial. En la
práctica, de haber armas no existe contacto con el cuerpo del compañero. Su
tamaño no tiene importancia y resulta complicado evaluar su fuerza muscular.
Cualquier rigidez agresiva, o espíritu competitivo, conduce inevitablemente
al fracaso. Si uno no puede sentir físicamente la reacción del compañero,
tiene que aprender a tocar su espíritu. Todos los principios del Aikido se magnifican por la extensión y la distancia que
entraña el empleo de las armas. Dicha práctica pone en evidencia los puntos
débiles y remarca la importancia de la sincronización y el cálculo de
distancia, rasgos que suelen descuidarse en las técnicas a manos libres. Al
coger a dos manos un bokken, un jo o una lanza, los brazos se unen
naturalmente y se mueven a partir del centro. Si los codos se levantan en
ángulo recto, se sentirá una merma del potencial y aparecerá una tensión
cuando los hombros se levanten o se crispen. La mayor distancia con el
compañero obliga a mover todo el cuerpo. La simple extensión de los brazos y
el arma que los prolonga es insuficiente y limita considerablemente el
movimiento. Los detalles más pequeños
en la técnica a manos libres se amplifican al utilizar un arma. En Aikido, un movimiento sutil de la mano puede cambiar
totalmente una situación. En la ejecución de una técnica con un arma, el
movimiento se observa con mayor claridad en la inclinación de la hoja del ken o el movimiento en espiral del jo. Un golpe shomen
es mucho más potente y rápido con el extremo de un arma que mide un metro
o un metro veinte que a manos libres. El entrenamiento con armas requiere
mayor precisión y concentración. El control de la distancia, la velocidad y
la posición son esenciales. Los golpes aplicados a manos libres no suelen
dejar consecuencias, pero el impacto de un ken
o un lo puede herir
con mayor gravedad. Al sostener un arma, uno se halla en el umbral del marubashi, y la conciencia debe contener la
intensidad de ese momento que limita entre la vida y la muerte. Sin perder
concentración, debemos protegernos tanto a nosotros como a nuestro
compañero. Ante la mayor gravedad de los riesgos de accidentes, han de
observarse reglas muy estrictas. Antes de abordar la
práctica de armas con un compañero, debemos pasar muchas horas trabajando
solos, aprendiendo a desplazarnos correctamente. Hemos de familiarizarnos
con el peso y la densidad del arma, saber controlar los ataques y detenerlos
a milímetros del blanco. La responsabilidad que supone el uso de un arma
debe tomarse con seriedad. Al principio, el trabajo
de a dos obedece a una forma simple y codificada: el
kata.
El movimiento se ejecuta lentamente, con el fin de que el alumno pueda
corregir la distancia, el tiempo de reacción y la actitud. Con la práctica,
la ejecución gana en rapidez, pero la relación entre la velocidad del kata y las posibilidades de control es
crucial. Si el compañero se retrasa, uno ha de estar atento a percibir el
cambio de ritmo ya detener el golpe a tiempo. Un momento de distracción o
impaciencia puede ser la causa de un accidente memorable. Cuando el
compañero ataca con un bokken o un jo, él es el guía, y respuesta y defensa
deben ser simultáneas, es decir, seguir y guiar su desplazamiento en un solo
movimiento. La práctica con armas
supone el estudio de la comunicación y la armonía en una situación de
tensión máxima. Los desplazamientos deben adaptarse incluso al movimiento
más insignificante del compañero. La comunicación no admite interrupciones,
los cuerpos se mueven al unísono, los espíritus respiran juntos y cada
movimiento se ejecuta con una precisión infinita. Es necesario captar las
vibraciones del compañero y poder tomar una decisión intuitiva en cada
instante, percibir los latidos del corazón. No hay tiempo para cálculos, la
mente debe estar vacía. Te veo caminar y comprendo tu mente. Conozco los ritmos de tu corazón y me resulta clara tu vibración espiritual. ¿Por qué? Porque estoy vacío. Soy un tambor. Si lo golpeas con fuerza, oirás un sonido duro. Tócame con suavidad y oirás el eco de un susurro.
He escuchado a ciertas
personas decir que no hay ataques de puño en el Aikido.
iQué error! El Aikido es un arte marcial y uno de los objetivos
fundamentales del entrenamiento es comprender y trascender nuestras
reacciones agresivas frente a una presión dada. Sin aplicación marcial no
hay conflicto, y sin conflicto no hay realidad ni armonía. Es erróneo creer
que el Aikido es una Vía fácil. El
atemiwaza,
o técnica de ataques, se distingue de los golpes del
karate
en que su objetivo no es matar o destruir, sino distraer la atención, esperar
y provocar el momento oportuno para sacar ventaja sobre el adversario. Es un
soporte del entrenamiento utilizado para comprender mejor el Aikido y desarrollar las reacciones espontáneas. El atemiwaza sirve para crear una abertura en
el otro, o para reducir la propia. El
atemiwaza
no sólo resulta útil para el entrenamiento del nage,
sino que sirve también al uke para
prepararse ante lo inesperado. Con relativa frecuencia he visto a alumnos
lanzar un ataque sin tener en cuenta el atemi
de su compañero. El nage debe
evitar efectuar un golpe real, pero el uke
debe tomar nota del ataque y re- accionar adecuadamente. Si no
reaccionase, sólo la buena fe del compañero le ahorraría el dolor de un
costado herido o de una nariz rota. El uke,
en tanto pueda, debe intentar detener el ataque. Esto le permite al
compañero adaptarse a una situación diferente. Los practicantes
experimentados suelen utilizar el blocaje en esta técnica. En el caso de un atemi al rostro, al
uke
sólo le queda caer espontáneamente. Éste es el arte de la protección del ukemi. La práctica del atemiwaza
es poco recomendable para los principiantes. Al dejarse llevar fácilmente
por su fuerza, uno descuida el estudio de la forma y el movimiento. Se
impone, como con las armas, un control riguroso y una reacción in- mediata
para poder evitar accidentes. El atemiwaza
se enseña sólo a los yudanshas
capaces de comprender y medir su importancia en la práctica. En el proceso de
fabricación de un sable, el hierro es sometido a presiones constantes.
Forjado en las llamas, se reblancede rápido y
puede moldearse y refinarse. Se golpea, se pliega, se caliente, se vuelve a
golpear hasta que queda libre de impurezas. Al ser sumergido en agua
adquiere su temple definitivo y queda listo para el afilado. Se trata de un
proceso complejo, ninguna de sus etapas puede omitirse. Aunque la hoja está
formada por miles de capas invisibles, el producto final presenta un acabado
muy fino. La hoja, resistente y suave a la vez, es un espejo que refleja
todo lo que se halla a su alrededor. El estudio del Aikido, por su parte, también está formado por muchas
capas. Cada estrato de experiencia y comprensión enciende el fuego de la
búsqueda siguiente. Ningún estilo de entrenamiento en particular es mejor
que los demás. Se debe alternar el entrenamiento fuerte y el suave, menos
comprometido, utilizando todos los grados de fuerza y suavidad así como la
suavidad en la fuerza y viceversa. El entrenamiento posee su
propio biorritmo y varía en cada sesión, en cada año. Si nos entrenamos
demasiado fuerte, consumidos por el fuego, ya no estaremos prestos a
escuchar al compañero y perderemos el hilo de la comunicación que nos une a
él. Si trabajamos demasiado suavemente, como flotando en el agua, jamás
descubriremos el límite de nuestras fuerzas. Perderemos la realidad, el
fuego, El objetivo del Aikido no es la adquisición de poderío físico y técnico
sino cultivar la fortaleza de la sabiduría. Sin embargo, una técnica sólida
es la base de toda práctica. El movimiento y la forma del cuerpo influyen
sobre la actitud espiritual. La mente es algo físicamente inasible, pero la
actitud puede mejorarse, como la posición de hombros y espalda. Así, uno
está mejor dispuesto para descubrir una forma más eficaz y humana de
reaccionar a las agresiones exteriores. Aun cuando el instinto no
acuse cambios, sus reacciones ante el miedo y las presiones pueden y deben
cambiar. En Aikido, las manos estudian la
sabiduría divina. El bloqueo que causa el miedo o la agresividad impide que
las manos y el cuerpo puedan producir una técnica de
Aikido. Al contrario, las manos y el cuerpo educan al consciente y el
subconsciente permitiendo una reacción instintiva basada en la paciencia, la
modestia y la sabiduría. Ésta es la forma de refinar el espíritu. Esto es el shobu aiki,
la sabiduría del Aiki. En un movimiento completamente armonioso, no puede
verse la fuerza puesto que no hay espíritu de lucha. El equilibrio, el uso
juicioso del espacio y la comunicación espiritual se convierten en un arte
dinámico. Este movimiento armonioso es un espejo que refleja el mundo que lo
rodea. El Aikido es un poema en movimiento. Os
convertiréis en una galaxia, vuestro cuerpo lo experimentará. Ya no seréis
una ola sino el mismo océano. No debéis deteneros en una menudencia técnica
sino en la figura total del movimiento. Al extender la creatividad se crea
una imagen de poder y realidad. Vuestro movimiento es poesía, viento, sol,
montaña. Vosotros sois arte. |